El consejo exige compromiso: Las personas se involucran más profundamente cuando se les pide un consejo porque necesitan comprender tus objetivos y limitaciones, en lugar de simplemente reaccionar a un hecho específico.
El consejo habla del mañana: Cambiar tus preguntas para que sean "orientadas al mañana" cambia inmediatamente el enfoque de tus conversaciones.
La retroalimentación es retrospectiva.: La retroalimentación evalúa lo que ya ha ocurrido y no se ocupa del futuro.
Investigadores de Wharton descubrieron algo contraintuitivo: la gente en realidad se involucra más profundamente cuando se le pide consejo que cuando se le pide retroalimentación.
En algún momento, "pide retroalimentación" se convirtió en un consejo estándar de liderazgo. Lo encontrarás en libros, en conversaciones de mentoría y en programas de desarrollo de liderazgo. Es un consejo decente, pero no es el MEJOR consejo.
La retroalimentación, por definición, está orientada hacia el pasado. La pregunta implícita detrás de ‘retroalimentación’ es: ¿Qué acaba de pasar? Y esa pregunta (por más bien intencionada que sea) no te ayuda a liderar mejor mañana.
Pide Consejos, No Retroalimentación.
Estas dos palabras parecen intercambiables, pero no lo son. La retroalimentación es retrospectiva: evalúa lo que ya ocurrió. El consejo es prospectivo: se orienta hacia lo que debe suceder a continuación.
En el momento en que cambias la palabra, cambias toda la conversación. Pídele retroalimentación a un anciano sobre tu sermón y te dirá lo que acabas de hacer. Pídele consejos sobre cómo abordar tu próxima serie, y tendrá que imaginar el futuro contigo.
Una de esas conversaciones te deja mejor informado sobre el sermón que acabas de predicar.
La otra te deja mejor preparado para el próximo que estás por dar.
Por Qué la Gente Da Mejores Consejos Que Retroalimentación
Investigadores de Wharton descubrieron algo contraintuitivo: la gente en realidad se involucra más profundamente cuando se le pide consejos que cuando se le pide retroalimentación.
Parece que pedir retroalimentación debería ser más fácil. La retroalimentación es reaccionar a algo que sucedió. El consejo requiere verdadero trabajo cognitivo. Para dar un consejo, tengo que entender tu situación, tus limitaciones y objetivos. Tengo que proyectarme al futuro y preguntarme qué haría yo en tu lugar.
Cuando te doy un consejo, me convierto - aunque sea un poco - en un participante interesado en tu resultado. Quiero ver la siguiente iteración. Siento curiosidad por saber si lo que sugerí funcionó. La retroalimentación es una transacción. El consejo es el comienzo de una asociación.
El Cambio Práctico
No necesitas una nueva estructura ni un proceso formal. Solo necesitas intercambiar unas cuantas preguntas:
- En lugar de: "¿Qué te pareció el sermón de esta mañana?"
- Intenta con: "¿Qué debería hacer diferente la próxima vez?”
- En lugar de: "¿Cómo crees que fue la reunión de la junta?"
- Intenta con: "¿En qué crees que debo enfocarme para la próxima reunión?"
- En lugar de: "¿Lo manejé bien?"
- Intenta con: "Si estuvieras en mi posición en este momento, ¿cómo lo habrías manejado de forma diferente?”
Las preguntas orientadas al consejo le dicen a la otra persona que no buscas un veredicto, sino un siguiente paso. Esa actitud cambia la conversación desde el principio.
La Pregunta Que Debes Hacer:
Busca a alguien en quien confíes, ya sea un mentor, un miembro del personal, un líder laico, tu cónyuge, y hazle esta pregunta antes del domingo:
"En base a lo que has visto últimamente, ¿en qué crees que debería prestar más atención en mi ministerio?"
Observa cómo se siente diferente preguntar eso. Es una pregunta orientada al futuro. Te trata como una persona en movimiento. Asume que puedes cambiar de rumbo, crecer y probar algo diferente.
La opinión que recibas moldeará el líder en que te convertirás.
Pastor, empieza a hacer ‘preguntas de mañana’. Las respuestas son mejores, y la conversación también.
